jueves, 17 de julio de 2014

CANFRANC UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Era el mes de Agosto, caluroso y aciago, la niñez estaba dejando paso a mi adolescencia, con toda la carga emocional que generaba en mi interior, empezaba la década de los años sesenta, era el mayor de los tres vástagos que habían engendrado los progenitores.

 Aquel año pase por la grata experiencia de la estancia durante quince días en un campamento del Frente de Juventudes, uniformes, saludos, izar y arriar banderas,  vida al aire libre, disciplina paramilitar, ambiente muy agradable por el compañerismo, las canciones, el fuego de campamento de cada noche, entonando, rimando y coreando los "pachibiris" criticando al "pater", al "Jefe de Campamento" y a quien se pusiera por delante, pero todo era maravilloso para una persona como yo, conocía por ver primera todo el significado y las enseñanzas de una educción por y para las actividades al aire libre marcando el comienzo de un "estilo de vida" que jamas he abandonado, con mensajes subliminales a veces, otras abierta y declaradamente con el simbólico significado del "Imperio hacia Dios", o en las estrofas de canciones como "Cubre tu pecho de azul" empecé a oír hablar de "José Antonio" de "Onesimo" "Matias Montero", de "Ramiro", del "Cardenal Cisneros", y de muchisimos mas, las practicas de "vivacs", los puentes y pasarelas de cuerdas y ramas, del aeromodelismo y tantas y tantas cosas y hechos que dan para llenar otro blog, pero venia a cuento nombrarlo ya que la segunda quincena de aquel Agosto, tocaba viajar a Canfranc, recuerdo que el nombre me parecía raro a la vez que interesante.

 Es casi el atardecer cuando el "canfranero", así se llamaba el tren de vapor que partiendo de la estación del Norte en el Arrabal zaragozano, cubría la linea hasta la estación ex-internacional de Canfranc-Arañones en el corazón del pirineo oscense, habíamos dejado atrás Ayerbe, Tardienta, Caldearenas-Aquilue, pasando por los mismísimos pies de los imponentes "mallos" de Riglos, que majestuosos y altivos nos "saludaban", desde su gigantismo parecía que nos perdonaban la vida y a la vez nos anunciaban la entrada a la "Jacetania", habíamos superado puentes, toda clase de túneles, al ritmo machacon y cansino de aquella locomotora que soltaba verdaderas nubes de humo de todos los colores de la gama de los grises, negros o blancos, haciendo sonar cuando era menester su típico silbido inconfundible, era inevitable que el pasaje acabara contaminado en sus ropas y fosas nasales con las huellas dejadas por el humo del carbón que iba tragando la caldera de la locomotora.

Al hacer pie en el anden lo primero que note fue aquel vientecillo cortante y frío, que venia canalizado de las montañas y picos, enseguida me di cuenta que estaba rodeado por verdaderas moles de roca con nieve perpetua, desde los mas alto de los riscos del cercano Candanchu, bajando por Rioseta, Col de Ladrones, el monte Arraca, el Collarada a un lado y en el otro los Lecherines, mi intuición me hizo notar que me encontraba al lado del imponente edificio de la estación internacional de Canfranc-Arañones, al percatarme de sus verdaderas dimensiones y que conservaba aquella majestuosidad en los detalles de su construccion, para un observador como yo, me di cuenta que no cuadraba todo aquello con el escaso trajín de personal y mercancías, hecho que me hizo pensar y en lo sucesivo interesarme por este hecho.



El "canfranero" dejando atrás los imponentes "mallos" de Riglos




Convoy recién llegado a la estación de Canfranc-Arañones



En el paso fronterizo de Somport



En un parque de Jaca


Frente a la entrada de la residencia de empleados en Canfranc

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